El Colombia vendía chicharrones y frituras en la Misión Vivienda de La Paz

Antes de que Leiver Padilla Mendoza, alias “el Colombia”, fuera señalado como uno de los autores materiales del asesinato del diputado Robert Serra, tenía un oficio informal: vendía chicharrones y frituras en un carrito que estacionaba a diario en la entrada de los edificios de la Misión Vivienda en el puente Los Leones de El Paraíso, sector La Paz. Es lo que dicen algunos vecinos, aunque no pueden precisar desde cuándo se dedicaba a esta actividad o si era su único trabajo.

Él no era muy dado con la gente de aquí. Muchos lo conocíamos de vista, pero no sabíamos si era lo único que hacía, porque estaba sólo en las mañanas”, cuenta un hombre que se mudó cuando inauguraron el complejo, hace dos años. Asegura que Padilla Mendoza y su familia también llegaron en el primer grupo de asignados, pero desconoce de dónde procedía.

El mismo hombre señala a otro que pasa caminando y lleva una escoba en la mano. “Ese es el que limpia la zona y él sí lo conoció mejor”. Al ser abordado, dice que sí, que lo conocía. Tartamudeando, suelta algo que no puede terminar: “Sí, sí, yo, yo, trabajé con él en Pdvsa. Limpiábamos”. Para no seguir hablando, el hombre se excusa en que quiere ir al baño y se va corriendo a la puerta de una de las torres. Al menos durante 40 minutos no volvió a salir.

“El Colombia vivía ahí con su esposa y sus dos hijos: uno de más de 20 y otro como de 15”, explica una chica, mientras apunta su índice derecho hacia una de las ventanas de la Torre A, desde donde cuelgan franelas y pantalones, en ganchos de ropa, anclados a una antena de Directv. “Es allá. Y todavía hay gente. Pero no le saques foto porque si te ven con el teléfono te lo roban”, dice la joven.

No sabe si la esposa de Padilla Mendoza, Neira Palomino, ya está libre. A los 30 días del asesinato del diputado fue detenida junto a otras 9 personas implicadas en el caso, tras un allanamiento en ese complejo habitacional, informó la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, a finales de octubre del año pasado. “Hay quienes dicen que la han visto por aquí, pero yo no sé, no puedo asegurarlo. El que sí está ahí es el hijo menor, porque el mayor también está preso implicado en el delito”, acota la vecina, en sintonía con las recientes declaraciones del presidente Nicolás Maduro.

Otra mujer cuenta que no entiende por qué le pusieron “el Colombia”, a quien mientan así por ser hijo de inmigrantes del vecino país: “Si es por eso a todos los de esta zona les llamarían así porque aquí lo que hay es colombiano parejo”. Nunca intercambió palabra con él, más allá de unos “buenos días”. “Y menos mal, porque mira lo que terminó resultando”.

“Ese hombre es una leyenda por aquí. La noticia lo catapultó a la fama”, comenta otra, que tiene apenas tres meses viviendo en uno de esos 192 apartamentos: “Yo no lo conocí, obviamente porque ya estaba prófugo, pero todos saben quién es él. Además, su hijo vive aquí, pero por acá tratamos de no hablar mucho de ese tema porque puede ser peligroso”, asegura, pasadas las 10:00 de la mañana de este miércoles 3 de junio.

Lo mismo sostiene una mujer que a diario estaciona un carrito de empanadas y pastelitos en la entrada del edificio. “¿Mi competencia? No. Yo no conocía a ese señor. Lo vi algunas veces, sí. Pero yo siempre vendí más que él”, dice, con el rostro desencajado, un día después de que Padilla Mendoza fuera presentado ante las autoridades venezolanas e imputado por los delitos de coautor en homicidio agravado, robo agravado a mano armada, asociación para delinquir y homicidio calificado, no sólo en el caso del asesinato de Serra, sino también por el homicidio de su asistente, María Herrera, ocurridos el 1 de octubre de 2014.

Airam Fernández / @airamfernandez

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