De la Revolución inspiradora a la revolución aterradora - Efecto Cocuyo

De la Revolución inspiradora a la revolución aterradora

Luz Mely Reyes | @LuzMelyReyes

Periodista venezolana, analista política. Especialista en Comunicación Organizacional con certificación en Periodismo Emprendedor en CUNY Graduate School of Journalism. Autora de Politikom, Con la Vagina bien puesta y co autora de Marketing Politico. Herramientas para ganar elecciones. Amo las campañas electorales, por dentro y por fuera.

 

Varios años atrás se realizó en Caracas un encuentro de la Internacional Socialista. Asistía, entre otros muchos líderes, Margarita Zapata, del Frente de Liberación Sandinista. Al entrevistarla, ella afirmaba con mucho orgullo que uno de los aportes que dejó la revolución en Nicaragua fue la celebración de las elecciones, es decir, mayores posibilidades para ejercer la democracia.

Esto coincide con unas de las declaraciones  que hizo recientemente el secretario general de la OEA, Luis Almagro, en una carta pública que colgó en su cuenta de Twitter. Allí le respondía fraternamente  al exministro Elías Jaua, las crìticas que hiciera el ahora candidato a diputado al representante del organismo multilateral

 “Ninguna revolución, Elías, puede dejar a la gente con menos derechos de los que tenía, más pobre en valores y en principios, más desiguales en las instancias de la justicia y la representación, más discriminada dependiendo de dónde está su pensamiento o su norte político. Toda revolución significa más derechos para más gente, para más personas”.

Hace dos semanas el exviceministro de Planificación  Roland Denis publicó sus reflexiones en el portal Aporrea, tituladas “Adiós al chavismo”. Denis estuvo en  Planificación en la primera etapa del Gobierno de Chávez y siempre ha sido un activista de izquierda revolucionaria, incluso antes de que el mismísimo Chávez entrara en escena. No es tránsfuga, y no se le puede calificar de simpatizar siquiera con el capitalismo, ya que descendiente de una familia oligarca, decidió, escoger el camino contrario.

Escribe Denis: El chavismo se fraguó como una apuesta subversiva que supo en su momento recoger todas las fuerzas que quedaron pendientes luego de los grandes fracasos de las izquierdas armadas y reformistas, al mismo tiempo que una jugada con seres gansteriles que supieron entender que lo mejor era entremezclarse con la diáspora rebelde que desde mediados de los años ochenta no tuvo manera de contenerse, poniendo bajo la mesa muy bien escondida el verdadero conservadurismo que unía en una misma cofradía conspirativa al gánster con el ser más reaccionario, unidos al vuelo subversivo de los soñadores.

Para luego lamentarse que de esa “ensalada” el único ingrediente que queda es el gansteril y sentenciar que el chavismo murió con Chávez.

Es preciso agregar que dentro de ese movimiento que significó el chavismo se sumaron muchas tendencias y corrientes, algunas de las cuales pasaron por momentos muy duros tratando de conciliar la teoría con la práctica y en muchos casos atacándose internamente entre reformistas, marxistas, socialdemócratas, radicales y otros, entre ellos los pragmáticos.

Hoy 17 años después de que el fervor por el cambio que prometía el emergente Chávez se encaminara hacia un rotundo triunfo electoral, lo que queda, según las encuestas y la voz en la calle, es un camino que se vislumbra mucho más  hacia su derrota electoral y una sensación de decepción brutal en muchos de quienes se sumaron con la esperanza de que todo cambiaría para mejor.

Lo anterior  hay que matizarlo, porque no siempre los números de las encuestas se corresponden con resultados posteriores, pero en Venezuela, a diferencia de otras partes, los datos de los sondeos  generalmente han coincidido con los resultados electorales. Además, siempre es posible que el gobierno rectifique.

¿Por qué está tan mal el Gobierno?

Los analistas han abundado en explicaciones al respecto. Sin embargo, tengo mi propia hipótesis que se deriva de la observación durante todos estos años del proceso venezolano y del pateo de calle. Es decir, algo probablemente muy subjetivo. Tengo la certeza de que  ahora el sistema es menos justo y esa injusticia, que se regodea en ensañamientos contra blancos muy específicos- por ejemplo, los que el Gobierno considera sus enemigos políticos-,  se vive día a día en la violencia de distintos tipo que se ejerce desde el Poder que ataca  al sujeto de la revolución, a las personas más pobres. Les asomo varios ejemplos.

  • El estado de terror impuesto por el hamponato. Qué mayor injusticia para una sociedad, que supuestamente no está en guerra, que sus miembros sean víctimas fatales de una delincuencia que está mejor armada que los cuerpos de seguridad, que el luto se instale en la casa de cientos de venezolanos y que luego no haya ni siquiera un atisbo de justicia. Que la desesperanza, mas no el consuelo, se adueñe del alma de muchos, que otros estén tan aterrorizados que prefieran no salir de noche o, si pueden, intenten irse del país; que luego de todo esto, entonces, se desaten operativos que dejan como víctimas no solo a presuntos delincuentes, sino a comunidades que entregan el poquito de libertad que tienen a cambio de una falsa sensación de seguridad. Pero algo más, que por la ineficiencia del Estado, algunos prefieran ejercer la justicia por sus manos, convirtiéndose así en homicidas al linchar a un delincuente.
  • La crisis de desabastecimiento se ha convertido en un maltrato cotidiano que se vive desde la incertidumbre por hallar leche, arroz, pañales, toallas sanitarias, anticonceptivos, azúcar, papel higiénico, aceite, café hasta la certeza de que para obtenerlos hay que invertir no menos de 15 horas semanales, sino hasta caer en irregularidades como pagar de más para que un tercero los obtenga.
  • Estigmatizados con el mote de bachaqueros, todo aquel que intenta conseguir un producto corre el riesgo de ser tratado como delincuente y si no de caer en prácticas vedadas. No hablo del delito organizado, sino de la propia autorregulación que han hecho muchos, ya que no todos pueden pasar horas de su vida en una cola. La violencia se ejerce con tal tino que se imponen unas máquinas captahuellas- a mi modo de ver  una de las restricciones a la libertad d individual más denigrante e indignante-, se exige la cédula vigente para comprar cualquier tontería, se viola un ritual tan personal como el de hacer las compras para la casa y al final no se garantiza la obtención del producto.
  • La subida ya semanal de los precios de productos no esenciales, pero necesarios. Además de aquellos que sin ser un lujo, activan la economía. Por ejemplo, un almuerzo en un modesto kiosco no baja de 400 bolívares, una “carrerita” hasta ahí mismito tampoco. Luego, pobre de aquel a quien se le dañe el vehículo o que se lo roben. Si vive de trabajar como conductor (a) le toca buscarse otros ingresos
  • Un país petrolero como el nuestro donde el servicio de salud no esté garantizado no evidencia otra cosa que un fracaso.  Protestan los trasplantados, los enfermos crónicos, los que sufren alguna afección y al ir a un centro hospitalario no los atienden por falta de insumos.
  • La violencia ejercida desde los medios públicos al invisibilizar las necesidades de las mayorías no tiene parangón sino con la exclusión de la que estas mayorías eran víctimas desde algunos medios privados en la llamada cuarta república. En vez de fortalecer un sistema para emancipar a los ciudadanos, darles herramientas para ejercer sus derechos como sujetos de la comunicación, se les trata como una audiencia pasiva a la que se alecciona, se les venden mentiras, hechos manipulados, se les expone a fomentar el odio hacia lo diferente y se les dice lo que deben pensar. DIGAN LA VERDAD era el grito de muchos en reclamo hacia los medios privados. Hoy esa demanda es acallada groseramente con medios vendidos a intereses ocultos y con un sistema de medios públicos envenenado de dogmatismo.

Por estas y muchas otras razones es que creo que el Gobierno está tan mal. No puede un régimen que se tilda de revolucionario actuar de manera tan reaccionaria, ineficaz y violenta,  cercenar  los derechos,  con tal déficit democrático que desdibuja las ofertas de un cambio hechas hace mas de tres lustros,  y, sobre todo, le es imperdonable que en su intento de dar un respuesta más bien genere esa sensación  tan prolongada de humillación y pisoteo  a la dignidad.

 

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