Amarrados tenían a abuelitos del geriátrico incendiado

Cerca de las siete de la noche del domingo, 23 de agosto, los vecinos de El Pedregal sintieron un bajón de luz. Nada extraordinario. Unos minutos más tarde, el aire se inundó de hedor a cable quemado. Luego vieron la candela. Lenguas de fuego salían del geriátrico Chivacoa, ubicado en la avenida Mohedano, de Chacao. Un grupo de ocho personas corrió hacia la casa a ver qué podía hacer. Todas las puertas de la quinta estaban cerradas. Tuvieron que saltar la reja y romper una ventana para poder empezar a sacar a los ancianos.

IMG-20150823-WA0053
Foto cortesía: Alexander Borges.

 

Los primeros que llegaron fueron unos efectivos de la Guardia Nacional que patrullaban por la zona. Unos seis jóvenes uniformados se lanzaron al interior de la casa, sin máscaras ni equipo y, después, los vecinos. “Entramos como pudimos. Pero se escuchaban los gritos. Los sacábamos como podíamos. Algunos estaban amarrados con sábanas a sus sillas. Otros estaban tan sedados que ni se dieron cuenta de lo que pasaba. Había tanto calor que el techo colapsó. Con una manguera a presión que nos dieron del edificio de al lado le echamos agua. Vimos a los calcinados, que se quedaron con su postura. Seguíamos escuchando los gritos, hasta que ya no oímos más”, dijeron Alexander Borges y Henry Mendoza, ambos vecinos que ayudaron en el rescate. “Hasta un señor que venía en el carro con su hija y por casualidad se dio cuenta y también se bajó a ayudar”.

IMG-20150823-WA0052
Foto cortesía: Alexander Borges.

 

De acuerdo con los cálculos  de los testigos, el incendio duró menos de 20 minutos. Los bomberos y Protección Civil llegaron cuando ya la tragedia se había consumado: ocho personas fallecidas, de las cuales tres murieron calcinadas y cinco asfixiadas. La lista de quienes perdieron la vida: Yolanda Laya (75), María Alarcón (61), María García (74), María Méndez (40), Luisa García (72), Marlene Losada (66), Adelaida Ávila (55) y Nieves García (60).

 

A los sobrevivientes se los llevaron al hospital Domingo Luciani, donde habilitarán un área especial para acomodarlos.

incendio-3
Foto cortesía: Alcaldía Chacao.

 

La mayoría de los 42 ancianos que vivían en el geriátrico privado tenían enfermedades mentales. Los vecinos aseguraron que con frecuencia se escuchaban gritos y golpes. En noviembre del año pasado ya había ocurrido un incidente similar, pero no había tenido mayores consecuencias.

José Rafael Navarro (75) fue uno de los sobrevivientes. Acostado dentro de una ambulancia, llevaba los jeans arremangados y una chemise a rayas. Su hijo lo acompañaba. Se disculpó por su dificultad para hablar, hace unos meses sufrió un ACV. “Lo que pasó es que una viejita dijo que iba a conectar una lámpara y estaba con una amiga, pero cerca había un vaso de agua que cayó en el enchufe e hizo un cortocircuito. Me dio mucho susto, pero estoy bien. A mi me sacó alguien cargado, porque no puedo caminar“, decía postrado. También hay otras versiones que apuntan a que no fue una lámpara, sino un celular lo que causó el incendio.

incendio-4
Foto cortesía: Alcaldía Chacao.

 

El hombre llegó sudando. Nadie sabía darle información sobre su abuelo. No había una lista consolidada. Solo se tenían los nombres de los fallecidos. Tenían algunos números de cédulas y los cotejaban con los familiares a ver si se parecían. El hombre se pasaba la mano por la cabeza constantemente. Esperó a que el alcalde de Chacao, Ramón Muchacho, agradeciera al contingente de la Guardia Nacional por su pronta respuesta. “Perdón, señor alcalde, es que quiero saber de mi abuelo. Se llama Leopoldo Linares y tiene 83 años”. El funcionario hizo una pausa de segundos y le respondió: “Sí, él está bien. Conversé con él un rato. Me dijo que había sido periodista de El Nacional. De Trujillo, tranquilo que está bien”. El hombre se pasó una vez más la mano por la cabeza, tomó su celular y dijo: Déjeme llamar a mi mamá que está preocupadísima.

incendio-6
Foto: Alcaldía de Chacao

 

Pero segundos antes las noticias no habían sido felices. “Vengo buscando a Magdalena Alarcón (61)”, dijo el joven enfundado en un traje de ejercicios oscuro. Muchacho sabía que ese nombre estaba entre las fallecidas. Se acercó a los familiares. Les dijo lo que había ocurrido y les pasó el brazo por los hombros. Pero ellos no tenían consuelo. Había un par de mujeres que casi se desmayan. Se daban fuerza una a otra, en el abrazo. “Mi tía trabajó 30 años en el Seguro Social, en el hospital Santa Ana. Agarraba el turno de la noche para poder estar con sus hijos durante el día. Esperaba que su esposo llegara para poderse ir. Mi tía era una buena mujer”, decía una de las familiares y se agarraba el estómago con fuerza. Le ofrecieron agua y declinó. Dijo que ni siquiera eso podía soportar. Aseguró que sabía sobre los maltratos, pero no había podido hacer nada para sacarla, pues había otra ala de la familia que sí la quería allí.

IMG_20150823_224250_edit_edit
Foto: Laura Weffer Cifuentes

 

Al rato, llegó esa otra ala. Una joven vestida de enfermera. Los zapatos generalmente tan blancos, estaban sucios de polvo. Intentó hablar con su hermana, pero se lo impidieron. Gritaba que había ido a visitar a su mamá ese día y que, aunque sufría de Alzeihmer, la había reconocido y le había dado la bendición. “Estaba bellísima”, decía a quien quisiera escucharla. “Dios ¿por qué me haces esto?”, gritaba, arrodillada, mientras le pegaba con la mano abierta al pavimento. Intentaban contenerla, pero sin mucho éxito. “Yo que le eché tanta bola con mi mamá. Yo no tengo culpa, yo lo que tengo es ira”.

Más de 100 funcionarios entre bomberos, Protección Civil, Ministerio Público y Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas hicieron acto de presencia en la Mohedano. Los vehículos, uno tras otro, estaban estacionados en ambas aceras de la calle. Se supone que se abrirá una investigación para saber quiénes son los responsables. De acuerdo con versiones preliminares, en Chivacoa no había personal suficiente. Para la noche del incendio, solo estaban en las instalaciones la encargada de la cocina y un enfermero que estaba llegando justo cuando se prendió el fuego. De nuevo, los vecinos se mostraron molestos ante la indolencia, pero de alguna forma confiando en la justicia divina. Ana se abrazaba a sí misma, mientras soltaba una sentencia tajante: Llegará el día en que les tocará entregarle cuentas a Dios.

IMG-20150824-WA000
Así quedó una de las ventanas laterales de la casa. Foto cortesía.

 

 

(Visited 26 times, 1 visits today)

Comentarios

2 Comments
  1. Estos coños de su madre del geriatrico no tienen familia? como amarran a unos ancianos? me cago en la puta de su madre nojoda. Justicia divina para estos mal nacidos que maltrataban a estos ancianos.. CUERDA DE MALDITOS

  2. Es lamentable decir que los primeros culpables de esas desgracias conocidas y de las que nadie se entera, son los propios familiares. No voy a decir que todos, pero muchos familiares lo que quieren es quitarse de encima a sus ancianos y los mandan a esos hacinamientos. Olvidan que es el mismo camino por el cual también podríamos transitar. COMPRENSIÓN Y CARIÑO PARA NUESTROS VIEJITOS, CARAY.

Leave a Reply

¡Suscríbete!