“Cuando ellos reprimen, se dañan las ventas”, vendedores se quejan de las lacrimógenas

Para Juan José, este miércoles 3 de mayo no pintaba muy bien. Vende sombreros, pero amaneció nublado. Los días que “hace su agosto” son los más soleados, en los que la oposición atraviesa la ciudad desde distintos puntos bajo el sol de mediodía. Pero este miércoles no. Este miércoles solo hay nubes y la represión acabó con la marcha muy rápido.

“Llegué a las 6:00 am. Me vengo desde los Valles del Tuy, así que me tengo que levantar a las 4:00 am para poder llegar”, contó Juan José. No se pierde ninguna de las marchas de la oposición. No porque sea simpatizante, pero porque tiene que completar para poder comer. No hay una hora exacta del día para devolverse a casa: si vende todos los sombreros, se va; si no, arranca apenas comienza la represión.

“Yo vengo aquí a correr duro”, dijo entre risas Vicente Martínez, quien oferta pitos y vuvuzelas con el tricolor en todas las marchas. Los primeros son los más baratos, en 500 bolívares; pero los segundo son los que más se venden aunque cuesten 2.500 bolívares. “Llevo un mes en la calle como la oposición“, añadió.

Cuando no trabaja en la marcha, Vicente Martínez trabaja en las playas varguenses

Cada vez que hay una convocatoria, atraviesa la ciudad desde el oeste. Para sortear las estaciones de Metro cerradas y las camioneticas colapsadas, sale de su casa en Catia bien temprano para poder llegar a Altamira a las 8:00 am, antes de que cierren la estación. “Cuando no consigo carrito, me tengo que venir a pie”, explicó. Lamentó que siempre tenga que subir los precios de su mercancía por la inflación.

“Llegó la tentación ¡Aprovecha!”, va cantando entre los manifestantes Juan Bravo. Consigo lleva chupetas, caramelos y, para los más exigentes, Cheese Tris. A diferencia de su competencia, no tiene que levantarse tan temprano para salir a trabajar porque vive en Los Dos Caminos. Sin embargo, el sudor de su esfuerzo no le da para mucho.

Luis Madrid también atraviesa la ciudad para poder trabajar en las convocatorias opositoras

“Todo lo que ves aquí es la inflación“, dijo al mostrar la variedad de caramelos y chupetas que oferta. “Uno logra tener los reales, pero para comprar otra vez la mercancía. Con esto hago para el pan canilla nada más”, remató. Luis Madrid vive en Catia. Desde el año pasado está desempleado. También desde el año pasado trabaja en las marchas.

En 2016 vendía pulseras con la frase “Yo Revoco” para el proceso de recolección de firmas y este año sigue rematando las que se le quedaron frías, a la “ganga” de 2×500 bolívares. Al igual que el resto de los compañeros que se consigue religiosamente en las marchas, aguanta la represión para llevarse el pan de cada día. “Bastantes bombas que me he tragado en la autopista. Cuando ellos reprimen, se dañan las ventas”, se quejó.