¿Puede Maduro alcanzar los 10 millones de votos? #CocuyoChequea

Maduro sigue aspirando a 10 millones de votos

Los 10 millones de votos se han convertido en un mantra del chavismo. Una meta que dejó pendiente el propio expresidente Hugo Chávez, a pesar de su inmensa popularidad, los extraordinarios ingresos petroleros durante su gestión y finalmente, la épica de quien vencía al cáncer y a sus adversarios políticos.

Este encargo, ahora heredado por Nicolás Maduro, no ha sido fácil de cumplir. No se materializó en las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), aún sin el escrutinio de la oposición y de los observadores internacionales. Aunque la invocó entonces, así como en las presidenciales de 2013, no dudó en retomarla para este próximo 20 de mayo.

La meta apareció por primera vez en las presidenciales de 2006, cuando el entonces gobernador del estado Zulia, Manuel Rosales, se enfrentaba a un chavismo crecido después de que la oposición había decidido no participar en los comicios parlamentarios de 2005.

Chávez prometía entonces profundizar el socialismo con la reforma de la Constitución, mientras la oposición trataba de recuperar su capital político presentando a un candidato proveniente del consenso opositor y cumpliendo con la figura del “outsider” que habían dibujado las encuestadoras.

Todo a favor

Las encuestas de popularidad y los datos macroeconómicos de 2012 soplaban  las velas del Ejecutivo Nacional: 58,9% de los venezolanos tenía una opinión favorable sobre Hugo Chávez según Datanálisis para octubre 2012.

Ese año el PIB había crecido 5,6%; el petróleo se cotizaba en 101,67 dólares, con una producción por encima de los 2 millones 900 mil barriles diarios; y el índice de escasez estaba en 13,6% para septiembre, según indicó el Banco Central de Venezuela (BCV). Así mismo, la población en pobreza estaba en 25,4% según datos de la Cepal; la inflación fue de 20,1% y la tasa del dólar paralelo alcanzó los 14,08 bolívares el mismo mes de la elección.

En esas elecciones presidenciales, el Gran Polo Patriótico (GPP) -creado para cumplir la meta- alcanzó 8.191.132 votos con la abstención más baja desde la llegada de la democracia en 1958. El esfuerzo electoral de entonces había incluido conformar esta alianza con los otros partidos chavistas, así como movimientos sociales adherentes incluyendo a grupos de la sexodiversidad, juventud, personas con discapacidad, mujeres y ambientalistas, entre otros.

Este fue el techo electoral del chavismo, en condiciones muy favorables.

La crisis que ayudó a la oposición

En diciembre de 2015 las condiciones de aceptación presidencial y de finanzas nacionales se habían invertido: la oposición agrupada en la coalición de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) presentó una campaña de recuperación de la Asamblea Nacional para “acabar con las colas“, principal síntoma de la crisis económica que había iniciado un año antes. Así alcanzó su mayor victoria política y numérica desde 1998.

Ahora Maduro tenía sólo 21,1% de popularidad en octubre (Datanálisis – Reuters), el PIB había caído 5,7% -diametralmente a Chávez de 2012-, el petróleo se desplomó a menos de 30 dólares para la segunda semana de diciembre y había perdido más de la mitad de su valor en el último año. Aunque se mantenía una producción por encima de los 2 millones 863 mil barriles por día según el Informe de Gestión de Pdvsa, la Opep indicaba que era sólo 2,57 millones y según fuentes secundarias hasta 2,358 millones.

Esta paridad de cifras coincidía con la cesación de entrega de datos oficiales. El índice de escasez oficial se cifró en 87%, aunque el BCV entonces en su informe la llamó “acaparamiento”. Así mismo, la población en pobreza estaba en alza, llegando a 33,1% según el Instituto Nacional de Estadística (INE) y 75,6% según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), la inflación  fue oficialmente de 180,9% pero subía hasta 275% según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

La tasa del dólar paralelo cerró el año en mil bolívares. Además, aunque la Canasta Alimentaria Normativa dejó de publicarse en noviembre de 2014, el Centro De Documentación y Análisis Para Los Trabajadores (Cendas) estimó que Canasta Alimentaria Familiar subió 443,2% en los últimos 12 meses.

El voto castigo en Venezuela

El peso de la economía, así como las aspiraciones a futuro basadas en esta variable para tomar la decisión entre votar o no y por quién, han sido objeto de estudio de varios académicos.

Los investigadores coinciden en que una economía mal gestionada lleva a cambios en las preferencias electorales, como sucedió en EEUU y Europa.

Así lo recoge el trabajo “Accountability y voto económico en América Latina: Un estudio de las pautas de comportamiento electoral entre 1996 y 2004” de María Celeste Ratto, publicado en 2013 en la Revista Mexicana de Análisis Político y Administración Pública del Departamento de Gestión Pública y Departamento de Estudios Políticos y de Gobierno (descarga), en el cual se estudiaron 16 países usando las bases de datos de Latinbarómetro.

El trabajo resume sus conclusiones así:

Los latinoamericanos que valoraron positivamente la economía premiaron a los partidos de gobierno y quienes la valoraron de forma negativa los castigaron cambiando su preferencia en los comicios celebrados en 1996, 2000 y 2004, usando el voto como mecanismo de control.

Así mismo, se encontró que las variables psicológicas -incluyendo compartir ideología con el partido de Gobierno- fueron las que aportaron mayor peso en la decisión.

En eso coincide la investigación “Aprobación presidencial en América Latina, 2010- 2012. Voto Económico y preferencias políticas” (PDF) de José M. Cabezas, publicada en la Revista de Política de la Universidad de Chile.

El autor explicó que en Latinoamérica no se puede hablar de un elector típico, porque aunque un tercio se comporta según su identificación política y dos de cada tres además de evalúar la economía a nivel personal, también lo hacen desde el punto de vista social, los resultados son “contraintuitivos” en algunos casos.

Específicamente halló que en Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Venezuela había un mayor peso en la identificación partidista, pero también que en estos últimos tres países, junto a Argentina, se daban los mayores índices de percepción sociotrópica, es decir, que su población da más importancia a la expectativa racional acerca del futuro que el resto de países. Dentro de esto se incluye el desempeño macroeconómico.

Finalmente, el trabajo “Rendición de cuentas electoral por la economía en América Latina” de Matthew Singer (PDF), señala que “los encuestados hacen responsables a los políticos por sus percepciones sociotrópicas: Aquellos que perciben que la situación ha empeorado consideran alternativas electorales distintas al oficialismo por sobre la posibilidad de abstenerse o anular su voto”. El estudio usó encuestas realizadas por America’s Barometer en 18 países en 2014.

En ese contexto, los venezolanos mostraron la peor percepción de todas: sólo 11,4% calificaron como positiva la economía nacional y sólo 23,2% lo hacía con sus finanzas familiares. Sin embargo, era el país con mayor ambivalencia de apoyo al partido de Gobierno a pesar de los resultados económicos. Esto, explica el estudio, cambia cuando el votante considera al gobernante como responsable de la economía.

Singer encontró que sólo en Argentina y Venezuela el elector sólo señalaba al Gobierno como responsable de la economía cuando recientemente había atravesado dificultades en lo personal en este ámbito y si sentía que el Gobierno había tenido todo en su poder para tomar las decisiones necesarias.

El voto económico-castigo en el país es entonces cortoplacista y le da más peso a lo individual sobre lo colectivo, pero la crisis económica no es reciente y ha empeorado desde ese diciembre de 2015.

¿10 millones con tan mala economía?

La productividad del país cumplió en 2017 su cuarto año consecutivo en caída, con un 12% de reducción. El país no crece económicamente desde 2013, cuando lo hizo un 1%, coincidiendo tanto con el bajón de precios petroleros como con el desplome de la producción de crudo por parte de Pdvsa.

Para febrero del 2018, la principal industria del país había perdido un millón de barriles desde las elecciones parlamentarias, alcanzando su mínimo histórico.

La Encovi de 2017 determinó que 87% de los hogares venezolanos estaban en pobreza, mientras la inflación cerró en 1.369% de acuerdo a la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional y en 2.735% según la firma Ecoanalítica.

A los altos índices de escasez, que productores agrícolas atribuyen a la reducción de la importación de insumos (por caída de ingresos petroleros) iniciada en 2013 -según datos oficiales-, se suman los saqueos y operativos de rebajas de precios ordenados por el Gobierno, que la BBC encontró como la causante de la pérdida de inventario en supermercados, los cuales temen reponer existencias.

Para finalizar esta “tormenta perfecta” se añade el elemento sociotrópico que caracterizaron los académicos: 71,7% de venezolanos consideran que el presidente Maduro es el responsable de la crisis económica. Esto incluye a 30% de simpatizantes, según un estudio de la encuestadora Hercon conocido en febrero.

La medición coincide con otra de Delphos en que 75% rechaza la reelección de Maduro, y que la mitad de la población quisiera votar, incluyendo el 63% de opositores, de acuerdo con Datincorp, lo que podría subir a 75% de mejorar condiciones.

En agosto de 2015 ya Ivad lanzaba esta advertencia: el liderazgo presidencial se deteriora y entre sus propios seguidores se apoyaba un cambio.

Echando números

La comparación numérica de los logros electorales del chavismo y la oposición tampoco favorecen la promesa repetida de los 10 millones de votos. Félix Seijas, de la firma Ivad, estima que la oposición podría llevar 8 millones de personas a votar, su techo numérico, pero dos o tres millones están renuentes, mientras que el oficialismo no podría llevar más de 5 millones de votantes.

Explicó que el chavismo ganó las regionales de 2017 reduciendo la imagen de Maduro y aumentando la de los candidatos locales -así como la del difunto Hugo Chávez– y desalentando el voto opositor.

La “revolución bolivariana” duplicó su caudal electoral entre las elecciones presidenciales del 2000 (3.757.773 votos) y las de 2013 (7.587.579 votos). Rigurosamente subió 101,9%. Así mismo, la oposición en ese mismo período se triplicó, al subir de 2.359.459 votos a 7.363.980 votos, lo que la llevó a acariciar el triunfo de la primera magistratura del país perdiendo por un escaso 1% en el último año.

Desde entonces, el chavismo jamás ha podido superarse: alcanzó 96 mil votos menos con la ANC, de acuerdo con unas cifras que generaron dudas -creadas por Smartmatic- en la opinión pública nacional e internacional. Desde entonces ha bajado a 5,57 y 6,5 millones respectivamente en las regionales y municipales de 2017, aunque en esta última, observadores electorales comentaron su escasa confianza en la fiabilidad de las cifras sobre participación.

Algo distinto ha pasado con la oposición: tras la segunda derrota de Henrique Capriles en 2013, el antichavismo pudo elevar su cuota de participación y alcanzar los 7.726.066 votos de los comicios para la Asamblea Nacional dos años y medio más tarde.

La abstención como peligro

Maduro tendrá que superar el escollo sociotrópico en que sólo los más identificados con el partido de Gobierno omiten responsabilizarlo por la crisis económica.

Luis Vicente León de Datanálisis advierte que hasta el fallecido presidente Chávez posee una tasa de aceptación más alta que Maduro (aunque ambos han perdido puntos en ese apartado desde 2013) mientras Ivad encuentra que el aspirante a la reelección tiene apenas 17% de aprobación para febrero de 2018. El mínimo de voto duro chavista que concede León.

Varias estrategias son usadas para separar la impopularidad del voto: desde la creación del Movimiento Somos Venezuela (cuya tarjeta sustituye a Nuevo Camino Revolucionario en el tarjetón) hasta los mecanismos de control social como el carnet de la patria, pasando por la declaración de Tibisay Lucena de promover el voto y sancionar el llamado a la abstención.

Los principales partidos de oposición: Primero Justicia, Acción Democrática, Voluntad Popular y Un Nuevo Tiempo no presentaron candidato, declarando fracasado el diálogo en República Dominicana, cuyos acuerdos incluían garantías electorales.

Para las elecciones convocadas para el 20 de mayo, donde hay 20.482.113 personas en el Registro Electoral, suponiendo una participación del 60% de los opositores -lo que podría equivaler a 5,5 millones de personas- se requeriría una participación mínima de al menos 78% para que el chavismo pudiese en teoría tener la posibilidad numérica de conseguir los 10 millones de votos, otorgando 0,5 millones a los otros candidatos. Ardua tarea bajo estas circunstancias: desaliento del voto opositor, mayor crisis electoral y pérdida de liderazgo presidencial. Lo que lo hace insostenible. la aspiración de los cacaraeados “10 millones por el buche”.

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