Cuentos de buen periodismo

La agencia de noticias internacional EFE, organizó en la Casa de las Américas en Madrid, un encuentro con tres periodistas ganadores del premio Rey de España, para compartir sus visiones del periodismo de hoy en día, así como las travesías personales para la elaboración de sendos trabajos galardonados todos por unanimidad del jurado. La mesa redonda estaba abierta a todo público.

Relajados, con vestimenta informal, se sentía el ambiente de camaradería entre los tres ganadores del premio Rey de España. Se intuían las conversaciones previas, disertaciones, sobre temas diversos, desde las compras necesarias hasta la celebración de día de la creatividad periodística.

Tres periodistas de diferentes países que compartían, desde el día anterior, el haber conocido al Rey de España, Felipe VI, y al que solamente pudieron darle un apretón de manos, porque el protocolo así lo determina.

Juan Roberto Mascardi Vigani. El argentino

De hablar fluido, ilustró con detalles muy humanos, el proceso de redacción de la crónica que lo llevó a España. “Debo confesar que Farré es mi amigo, es padrino de mi primer hijo, y mi exesposa es madrina de su hijo, imaginen el peso y el proceso de escribir una historia de un cercano”, confesó en su primera intervención, pero está perfectamente reflejado en las líneas que escribió y que nació en una barbacoa en su casa.

Mascardi entiende la crónica como una labor en equipo, por eso no dudó en llamar a un discípulo para que fuera el editor del trabajo, que les llevó un buen tiempo terminar. Al momento de finalizar dice haber investigado todos los “[email protected]….” ,de diferentes medios de comunicación para enviar el trabajo, pues no pertenece a ninguna redacción pero sabía que tenía que escribir esa historia.

Su primer rechazo fue de la editora de la revista mejicana Gatopardo. Contó que, amablemente, le respondió el correo electrónico aclarándole que no lo iban a publicar pues ya habían tratado el tema. Juan se sintió satisfecho y agradecido, nunca pensó que la editora de Gatopardo pudiera contestarle un correo sobre su crónica deportiva, y además excusándose y explicándole la razón de su rechazo.

Un año reposó su trabajo en su computadora. Justo cuando se cumplía el primer aniversario de ese gol, La Voz del Interior, periódico argentino, lo llamó para publicar su trabajo.

Un periodista que dijo ser de formación audiovisual, que cree en el periodismo creativo, que quiere celebrar el dia de la creatividad como parte del proceso periodístico, que siente las historias como propias, que ha trabajado para Vice, para canales de TV argentinos, que escribe libros de historias “que me encuentran a mí” dice, valora los fakenews como un motivador hacia el periodista para exigirse más en la confirmación de la información, que cree que la digitalización de los medios es “una buena noticia” y que reflexiona sobre la no ocurrencia de un hecho, ahora es una noticia.

Leer su crónica es entrar en su vida narrando la vida de otro, y esas letras le dieron el premio iberoamericano de periodismo.

Link del trabajo: http://mundod.lavoz.com.ar/futbol/farre-el-jugador-que-se-habia-olvidado-de-hacer-goles

Julio Batista Rodríguez. El cubano

Es el único de los tres que trabaja para un medio cubano, sin fines de lucro, lo que lo hace sentir que tuvo una ventaja ante sus compañeros, pues confiesa que no hubiese podido realizar la investigación, que duró nueve meses, si su medio no lo hubiese apoyado.

Cuenta que la investigación periodística requiere de mucha inversión, dinero, recursos, tiempo, y más para su medio, que está conformado por seis comunicadores, lo que implicó recargar de trabajo a sus compañeros para llenar el vacío informativo de su ausencia.

Cuando presentó el tema, tuvo que defenderlo ante su consejo editorial, del que forma parte -pero que debe igual seguir esa norma- donde todos los miembros “destruyen con argumentos fuertes” los proyectos para determinar si el periodista está preparado para abordarlo, si la historia tiene sustento, si realmente el tema vale la inversión. Lograr la aprobación fue el primer triunfo de la historia medioambiental.

Luego de investigar, recabar información, buscar documentos, tratar de tener cifras oficiales -que no consiguió- llegó el momento de ensamblar. Trabajó entre 12 y 15 horas diarias frente a un computador con solo espacios de 10 minutos para comer dos veces al día. No hubo ni feriados, ni sábados ni domingos. Un mes, 30 días de solo escritura.

Confiesa que dudó, que luchó contra la subjetividad de su experiencia en la zona, que se quebró su paciencia, pero también que descubrió el vacío legal que está su país con el tema ambiental y las empresa públicas “descubrí el limbo legal” puntualiza. Su denuncia no generó respuesta ni reacción del gobierno, pero lo satisface saber, que luego del premio, la lectura de su investigación se disparó, ahora muchos conocen la tragedia del mar donde no hay peces.

Batista desborda pasión por su oficio. Quiere escribir, seguir contando historias que no cumplan la línea oficial, historias marginales que son grandes historias, combatir el rumor de que en Cuba es la información oficial, quiere hablar de la alegría y la felicidad, porque “aunque no vende, también es noticia”.

Link del trabajo: https://www.periodismodebarrio.org/2017/08/las-aguas-muertas-del-havana-club/

Alicia Hernández. La española

Es española. Vive y trabaja en Venezuela desde hace nueve años. Es reportera, productora, escritora, todo de manera independiente. Sabe que ahí está la noticia día a día, que tiene sus picos de trabajo y estrés, y miedo, pero que siempre hay una historia que contar.

Alicia ya había visitado la Guajira venezolana pero como productora de campo para un equipo de documentalistas extranjeros que quería hacer un trabajo para televisión sobre el tráfico de gasolina. Cuando volvió, tiempo después, para investigar para un libro que escribe, vio la historia reducida a un niño, con una manguerita, chupando gasolina. En ese momento, dice, entendió el impacto del tráfico de combustible.

Visitó escuelas buscando datos, no consiguió, visitó hogares y reconoció el sustento que significaba la manguera y el niño. Escribió la historia.

Llamó al periódico The New York Times, para el que ya había trabajado y les dijo que les enviaría una historia, que les dijeran si les interesaba para publicar, porque tenía que buscar otros medios si ellos no lo hacían, que por favor la leyeran y le avisaran. Le dieron el sí.

Cuenta que ser periodista independiente la obliga a ver más allá de lo obvio para poder vender sus trabajos y vivir con el pago un tiempo hasta que vuelve a entregar otro escrito, mientras cubre protestas u otra noticia, que nunca faltan en Venezuela, pero que no alcanzan para vivir. Descubrió que en los detalles están las grandes historias, se preguntó “¿por qué no lo vi antes?” -refiriéndose a su anterior viaje a la Guajira- y se respondió “ahora me fijo en los detalles”.

Alicia llora cuando habla de su más reciente historia sobre niños fallecidos por desnutrición en el estado Bolívar. Se pone las manos en la cabeza cuando recuerda el horror de lo que vio y luego narró, pero lo que más la frustra es ver que su trabajo, aunque genera conciencia a ajenos, no genera respuesta por parte del gobierno venezolano ante sendos problemas.

Recibió el premio de la mano del Rey de su país, y volteó a ver a su madre, que viajó desde Almería hasta Madrid, para estar ahí.

Link del trabajo: https://www.nytimes.com/es/2017/02/09/en-la-guajira-venezolana-los-ninos-abandonan-la-escuela-para-vender-gasolina/

Textos y fotos de Ana María González Oxford

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